Sauna de infrarrojos. Calor que recupera.
Un estrés térmico controlado que sube la temperatura corporal y activa la circulación. Calor que relaja, que recupera y que se convierte en un hábito fácil de sostener.
Calor, desde dentro.
La sauna de infrarrojos calienta el cuerpo desde dentro, a una temperatura más llevadera que la sauna tradicional. El calor profundo se siente y se disfruta, sin el aire asfixiante del vapor.
El cuarto estímulo del método: después del esfuerzo, calor y quietud para cerrar el ciclo.
El cierre del ciclo.
Fuerza, oxígeno y luz empujan la maquinaria celular. El calor la recupera y la prepara. Su uso natural es al terminar el entrenamiento: estímulo, y después restauración.
Relax muscular
Sensación de soltura después del esfuerzo.
Un rato de quietud
Calor y descanso, sin pantallas ni prisa.
Sube la temperatura
Y se activa la circulación: calor con propósito, no un lujo.
Un hábito clásico
Fácil de sostener semana a semana, que es de lo que va esto.
De treinta a cuarenta y cinco minutos, en reposo.
Entras, el calor hace el trabajo y tú no haces nada. Con cita previa, como todo en el estudio. Sin música a todo volumen y sin nadie esperando su turno.
Para quien quiere bajar el ritmo.
Después del esfuerzo.
El calor ayuda a soltar la musculatura y a bajar pulsaciones. Entrenas y cierras con calor.
Si te cuesta parar.
Un rato obligado de quietud, sin pantallas ni prisa. El descanso también se entrena.
Como rutina.
Fácil de mantener semana a semana, sin complicarte la agenda.
El calor, con intención.
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